Farsa-jaranera

Viene a ser, ante todo, esta Memoria de farsa jaranera (retablo paródico) un recuerdo, quizá nostálgico, de un tiempo en que fuimos felices. Y lo fuimos, haciendo lo que nos gustaba: el teatro. Por eso no vamos a ponernos estupendos y desde aquí ofrecemos ya estos textos -en realidad libretos que iban siendo modificados al calor de improvisaciones- a quienes quisieren aprovecharlos, particularmente aquellos de edades comprendidas entre 16 a 20 años, más o menos las que tenían los actores de Katamitus por aquel entonces (1992), cuando dieron el salto al otro lado del charco y lograron actuar en varias universidades del Estado de Nueva York. Es decir, alumnos de bachillerato o primeros cursos de Educación Superior. De ahí la presencia de notas a pie de página. No obstante, su lectura está abierta a todo tipo de lectores, como en su día lo estuviera a todo tipo de público que disfrutara con su representación.

Les une a las tres farsas (Teleogonía, ¿Quién teme a Lisístrata?, Farsa del eterno paraíso) el sentido de parodia, bien claro en las dos primeras en cuanto a referencias clásicas (Hesíodo y Aristófanes), y sobre ningún autor ni obra en concreto con respecto a la tercera, si bien su contenido paródico por veces es evidente. Esta misma, precisamente ajena a Katamitus, viene a ser un leve exponente de lo que fueran las clases de teatro en el Instituto Pío Baroja; de hecho, la última representada fruto de tales. El orden en el que aparecen no obedece al tiempo cronológico en que fueron estrenadas, sino al de ficción que representan. Así, lógicamente, abre la trilogía la que parodia el origen del universo cultural heleno; la sigue la referente a dicho mundo clásico ya en decadencia democrática; y cierra la serie la que se basa en el imaginario religioso-cultural judeocristiano, que aún sigue siendo el nuestro.

Y vaya también, desde aquí, mi más sincero agradecimiento a todas aquellas personas que durante tales conformaron un público fiel y entusiasta, o distante y crítico, sin el cual la escena sería imposible. A todos ellos. Se abre el telón…